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Dimorfismo sexual. Los hombres son capaces de producir, de forma casi continua, millones de espermatozoides de tamaño pequeño, al mismo costo, en términos de nutrientes y energía, que el que tiene para la hembra la producción de un número limitado de óvulos, de un tamaño mucho mayor. Comportamiento sexual En el estudio del comportamiento sexual no estamos libres aún de ciertas barreras o inhibiciones culturales, además de las dificultades derivadas de la enorme variedad de comportamientos sexuales que existen en el reino animal. En el proceso de la interacción sexual entre dos individuos, suelen observarse cuatro estadios: a) la atracción sexual: en muchas especies un individuo es atractivo para los del sexo opuesto, y a su vez atraído por ellos, solamente en los períodos en los que está apto para reproducirse. Podemos determinar el atractivo de una hembra, observando cuánta atención le prestan los machos de su especie y cuánto trabajo invierten en conquistarla. Por medio de la manipulación de la apariencia de la hembra, podemos también deducir qué características encuentran los machos más atractivas. Se ha determinado que, en muchas especies, los machos son atraídos por la visión de la zona perivaginal de la hembra, que se hincha por influencia de los estrógenos. Estas hormonas, además de asegurar la ovulación de las hembras, liberan sustancias olfativas atractivas para los machos que las fecundarán y estimulan, además, la producción de lubricantes vaginales que facilitan el coito. Como se ve, los estrógenos son compuestos químicos tan polifuncionales como decisivos para el éxito reproductivo. En humanos, es conocido el hecho de que el enamoramiento provoca cambios físicos como, por ejemplo, la dilatación de la pupila, el aumento de la frecuencia cardíaca, el rubor de las mejillas, que vuelven más atractivos a los miembros de la pareja. Estudios recientes parecen concluir que la simetría de los rasgos faciales es atractiva para ambos sexos. Las características desarrolladas por muchas especies a fin de que los individuos en edad reproductiva resulten atractivos pueden llegar a extremos curiosos. Hay aves que despliegan colas inmensas y coloridas (como los machos de las aves del paraíso), seguramente inconvenientes para volar o escapar de posibles predadores, pero eficientes en atraer a las hembras de su especie, características que surgieron como resultado de un proceso de selección sexual. Los antropólogos suelen estudiar las complejas técnicas de decoración y hasta mutilación que, en todos las culturas humanas, se emplean con propósitos de atracción. La contemporánea industria de los cosméticos hace enormes ganancias gracias a esta inclinación, que sobrestimula con propósitos comerciales. Por supuesto, a pesar de la apariencia y de acicalamientos, siempre puede ocurrir que una hembra encuentre poco o nada atractivos a los machos que se le aproximan y rechace aparearse con ellos. En este caso, entonces, el primer estadio se habría frustrado. De lo contrario, se pasa al segundo; b) conductas apetitivas, esto es aquellas que activamente establecen, mantienen y promueven el contacto sexual. En este estadio, las hembras buscan activamente el contacto con el macho mostrando conductas llamadas "proceptivas". La hembra de la rata de laboratorio, por ejemplo, se acerca al macho, mueve sus orejitas y arquea su cuerpo para mostrarle la zona perivaginal. Luego se aleja, dando pequeños saltitos y corridas, que incitan al macho a seguirla. Tanto los estrógenos como la progesterona y, curiosamente, también la hormona masculina testosterona, actuando en áreas del hipotálamo del cerebro de las hembras, estimulan su conducta proceptiva. Los machos responden a esas conductas de las hembras siguiéndolas, olfateando la región perivaginal e intentando montarlas. En este caso también actúa la testosterona uniéndose a receptores en zonas del hipotálamo de los machos, como veremos más adelante. Estas conductas apetitivas o de cortejo, aparecen en todas las especies que se reproducen sexualmente y son específicas para cada una de ellas. c) cópula o coito. En muchos vertebrados, y en todos los mamíferos, la cópula comienza cuando el macho monta a la hembra, introduce su pene en la vagina y eyacula dentro de su cuerpo su semen, que contiene las células reproductivas. La hembra adopta una postura que facilita la penetración. En muchas especies de mamíferos, las hembras arquean el cuerpo y exponen sus órganos genitales. Cuando la hembra adopta ese comportamiento, que se denomina lordosis, se dice que está receptiva o en celo. La receptividad de las hembras sólo se observa durante la ovulación, es decir cuando la probabilidad de que pueda ser fecundada es mayor, está fase del ciclo reproductivo de las hembras se conoce con el nombre de estro. d) comportamiento postcopulatorio. Luego de la eyaculación, los machos entran en una fase refractaria, durante la que no se aparean. En el caso de la rata de laboratorio, el macho emite vocalizaciones que inhiben el comportamiento proceptivo de la hembra hasta que vuelve a estar en condiciones de reiniciar su actividad sexual. Esta fase refractaria puede durar, según la especie y otras circunstancias, entre minutos y meses. Algunos animales pueden acortarla, en presencia de una nueva hembra, un fenómeno que probablemente no nos sea totalmente desconocido y que recibió el tan discreto como aséptico nombre de "efecto Coolidge".
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